Lapa, más que una escalera

Después del fútbol, el deporte oficial de Brasil es sambar en la calle. Para comprobarlo solo basta una vuelta por Lapa. El barrio bohemio y fiestero de Rio de Janeiro, mezcla arte, cultura urbana, turismo y el amor carioca por la “festa da rua”, para crear un carnaval perpetuo.

Durante el día es un barrio de casonas antiguas con fachadas llenas de grafitis con alusiones a temas de política, sociedad y fútbol. Los turistas se aglomeran en las famosas Escalinatas de Selarón: 225 escalones intervenidos con mosaicos traídos de distintos lugares del mundo y con diferentes técnicas, que generan un colorido escenario ideal para las fotografías. Otro atractivo es la Catedral Metropolitana de Rio, una obra de los años 70, considerada una de las piedras fundamentales de la escuela contemporánea de arquitectura brasileña.

En los años 50 ya se decía que Lapa era el Montmartre Carioca, el barrio que concentraba a la intelectualidad, la movida artística y la vida nocturna del centro de una de las ciudades más vivas del planeta. Esta zona se llenó de mística de la mano de grandes lugares de fiesta que marcaron época y el conjunto de intervenciones artísticas callejeras que mantuvieron su esencia intocable y a la vez siempre mutando.

Adornado por el Acueducto Carioca: 22 arcos de 16 metros de largo que trazan una línea en el medio de la plaza que es el epicentro de la fiesta. Dos taburetes, una tabla larga y cuantas botellas de cachaza entren, es suficiente para improvisar bares en la calle. Allí mismo con una cuica, una guitarra y un repique, empezó la fiesta. El resto lo hacen vecinos y visitantes, que bailan con todos y con nadie en círculos de movimiento infinito.

Hoy, darse una vuelta por Lapa, con una caipirinha en la mano, encontrando parejas de baile en cada esquina y descubriendo antros a puro rítmo, es sentir el pulso del corazón carioca.

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