Historia viva: Museo de San Francisco

Entrar al museo San Francisco de la ciudad de La Paz es volver a épocas de la colonia, cuando la orden de los franciscanos se instalaron para evangelizar a los nativos de toda la zona. 

Marcelo Campos

Entrar al museo San Francisco de la ciudad de La Paz es volver a épocas de la colonia, cuando la orden de los franciscanos se instalaron para evangelizar a los nativos de toda la zona. Su estilo barroco mestizo, sus bellos jardines, sus tejados y centenarias campanas, además la historia viva que guarda cada pasillo hacen de este lugar ideal para los amantes del arte sacro.

Emplazada a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, la Basílica de San Francisco se empezó a construir en 1549 y tuvo muchas refacciones en el transcurso del tiempo, incluso en 1950 se demolió parte del convento para dar paso a la avenida Mariscal Santa Cruz.

En primera instancia uno se topa con la imponente fachada frontal que posee la arquitectura barroca y también se puede divisar la torre que fue añadida en el siglo XIX, donde está el campanario. Para ingresar al interior del museo se debe pagar un monto de Bs 15 que incluye un guía por todo el recorrido.

La visita se inicia en la parte superior donde está el Claustro antiguo del convento de San Francisco, que fue construido con piedra tallada entre los años 1765 y 1739, contiene un patio cuadrangular central con varios arcos de gran tamaño en la parte baja y arcos pequeños en la parte alta. Con el tiempo se fue rescatando los techos y parte de la infraestructura.

Posteriormente se ingresa al Claustro Mayor que fue edificado entre 1894 y 1897, está constituido de un cuidado jardín-patio, rodeado de arquerías de ladrillo en sus dos plantas. Asimismo, se puede apreciar las excavaciones de 14 bases de columnas de ladrillos, que hacen suponer que el claustro tenía otras dimensiones.

El circuito continua en una bodega cerrada donde según el guía, los franciscanos elaboraban su vino con uva traída del valle de Luribay. El producto era depositado en grandes barriles para su maceración que duraba alrededor de seis meses. Para ello se cubría con cal para que no entre aire. Esta bebida era destinada para la celebración de misas. En el lugar se puede observar los viejos artefactos que utilizaban los frailes en el proceso.

En todo el recorrido de casi una hora se pueden observar cuadros de autores anónimos y vestimentas litúrgicas bordadas con hilos de oro. La corona de la virgen que fue hecha de plata, bañada en oro y tiene piedras semipreciosas. Además de un cristo azul, debido a que antes ese era el color de una parte de los muros.

Por último un pequeño túnel y escaleras nos conducen al campanario en la parte de arriba de la infraestructura. Las 10 viejas campanas fueron fabricadas con bronce y sus cuerdas está hecha de cuero de vaca, algunas de ellas aún se siguen repicando para las misas. En este espacio se puede observar los tejados de las instalaciones que fueron construidos por los indígenas. Al volver se aprecia desde arriba el interior de la Basílica y todas sus esplendorosas decoraciones.

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