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La pandemia pasará y la belleza del mundo seguirá allí.  Renacerán nuestras ganas de explorar, conocer y tener grandes aventuras. Luego de tanto encierro saldremos más fortalecidos y con ganas de disfrutar la vida. Por esto, desde Amaszonas te damos un adelanto de los destinos que nos esperan. 

La mística para curar 

Uno de los mitos que ronda la ciudad sagrada de los incas -una de las siete maravillas del mundo-, es que fue construida para el descanso, recreación y sanación. 

Cualquiera sea la forma que uno elija para descubrir este destino (ya sea desde un lujoso tren cinco estrellas, hasta una caminata de una semana por el camino de los chasquis), recorrer sus enigmáticas construcciones, la mística de cada una de sus piedras e imaginar aquella ciudad en pleno esplendor, hará que todos los males se olviden y confirmaras, que la magia sí existe. 

Una ciudad completa hecha de roca en el medio de selváticas montañas de Los Andes. Su observatorio de estrellas, la inexplicable exactitud de los muros de piedra de las casas de los sacerdotes, sus sistemas de drenaje y manejo del agua que aun continúan funcionando, sus sofisticadas terrazas de cultivo: Machu Picchu es una maravilla en la historia de la humanidad, que debes vivir.

Esa inexplicable pasión 

Vivir lo ilógico, vibrar en una hermandad de desconocidos, rezarles a todos los dioses, sentir en el pecho la euforia y cantar con el alma hasta que todo explota en ese gol que cambia todo destino. Vivir un partido en alguno de los templos del fútbol de Buenos Aires es una experiencia que eleva todos los sentidos. 

La peregrinación empieza temprano. Camisetas, cornetas y banderas inundan una de las metrópolis más grandes de América y la hace latir al ritmo del balón. Todas las tradiciones presentes: el choripán en la parrilla del barrio, pasar por el bar de la esquina, ponerse la camiseta histórica y juntarse en familia o con amigos, sin importar si es a sufrir la derrota o a lograr la gloria. 

Una vez en la cancha, la hinchada toma poderes sobrenaturales y no para un segundo. Un viaje de noventa minutos a todas las emociones humanas con un solo peligro: el de volverse adicto a la mística del deporte más grande del planeta. 

 

En territorio del jaguar 

Rurrenabaque es un pueblo que nació de la mística del Parque Nacional Madidi, uno de los territorios más biodiversos del planeta. Desde allí, navegando por los ríos del Amazonas, se puede llegar a varios eco-albergues que ofrecen infinitas aventuras en el medio de la selva. Paseos en canoa en aguas repletas de caimanes, caminar senderos tras las huellas del jaguar, paseos nocturnos para ver el fascinante universo de los insectos, despertar con el aulllido de los monos roncadores, estar a los pies de un árbol de ochenta metros de alto o simplemente ver un atardecer nadando en el río. 

La experiencia de unos días en medio de la selva, aprendiendo de los conocimientos de los pueblos locales y sintiendo la humildad de ser un visitante en tierra de vida infinita, es algo que debes programar.     

El poder del agua

Una de las obras más imponentes y emocionantes de la naturaleza son las Cataratas del Iguazú, una de las siete maravillas naturales del mundo. Marcando el límite entre Argentina y Brasil, este conjunto de 275 caídas de agua hace temblar la tierra de los dos mayores países de Sudamérica. Al visitarlas, se las puede sentir mucho antes de verlas. Su estruendo se escucha a kilómetros de distancia, el manto de humedad que desprenden crea todo un microclima con fauna, flora y el temblor que genera su caudal prepara a los visitantes para lo que están a punto de presenciar. 

Una vez en el recorrido, estar parado frente a La Garganta del Diablo (su mayor salto de agua), mojado y con el pecho casi colapsado por la vibración, es una experiencia solo superable con la de subirse a un bote y ver 360 grados de saltos desde abajo, mientras el capitán domina las olas para lograr acercarse a esta explosión de poder natural. Esta es otra experiencia que debes vivir al menos una vez en tu vida.

El paraíso para caminar 

Después de sus playas, el surf, la samba, el fútbol y la cultura, Río de Janeiro, ostenta algunos de los mejores senderos del mundo para caminar. 

La opción típica es un paseo por la costanera de la ciudad, que nos puede llevar desde la fina playa de Leblon hasta la popular Botafogo, pasando por las icónicas postales de Ipanema. Otra apuesta ganadora es un recorrido por el Jardín Botánico para presenciar magníficos caminos entre la mayor colección urbana de plantas del planeta. 

Para los más experimentados, existen una infinidad de caminos en los morros de Rio. La mayoría de estos concluyen con vistas inolvidables de la ciudad o la costa. Los más conocidos son el Morro dois Irmãos, Morro da Urca o Pedra Bonita. Se recomienda ver bien los grados de dificultad de los diferentes senderos y calcular los tiempos. 

Para quien quiera caminar por la ciudad, una vuelta por Barra da Tijuca o por el barrio de Lapa, es una opción llena de cultura y arte. 

Explorando el paraíso, un paso a la vez.  

                                                                                                                                                                  

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