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Además del pesebre, el árbol, las luces, los regalos y la clásica cena, los villancicos también forman parte de los elementos más importantes para la celebración de la Navidad, cada diciembre. Existen algunos muy populares en la actualidad como Los Peces en el Río, Blanca Navidad, Mi burrito Sabanero, La Marimorena o Noche de Paz, entre muchos otros, pero este tipo de canciones ahora navideñas, allá por el siglo XIII en Europa, eran más bien de carácter profano y servían para registrar la vida cotidiana de los pueblos, de las villas.

Según algunos historiadores, los villancicos fueron difundidos en España en los siglos XV y XVI, y en Latinoamérica desde el siglo XVII. Eran originariamente canciones profanas con estribillo, de origen popular y armonizadas a varias voces. Posteriormente comenzaron a cantarse en las iglesias y a asociarse específicamente con la Navidad.

Los primeros villancicos que llegaron de la península de la mano de misioneros y sacerdotes, conservaban el estilo y las temáticas, principalmente religiosas del villancico español del siglo XV. Sin embargo, poco a poco, fueron adoptando características más americanas, conforme se iban asimilando con las celebraciones del Corpus Christi y la Navidad, adquiriendo así nuevos motivos asociados a las culturas indígenas como resultado de un sincretismo cultural. Para el siglo XVI, los villancicos ya se escribían en lenguas como el náhuatl en México, interpretados por indígenas.

Según el Estudio del Villancico en Latinoamérica de María Ester Grebe, esta forma musical adquirió en Perú, Bolivia y Ecuador una fuerte fisonomía regional, siendo Sucre (Bolivia) una de las ciudades que posee una interesante colección de villancicos coloniales, como centro de mayor auge en el cultivo de la música religiosa.

Existen datos que en Santiago de Chile, por ejemplo, en 1794 para la Noche Buena se interpretó un villancico anónimo, titulado Coplas al Niño Dios con violines, oboes, órgano y bajo continuo, en ese país estas canciones eran las predilectas de los maestros de capilla coloniales. También existen antecedentes bonitos e interesantes de villancicos en Argentina, Brasil, Venezuela y Colombia. Actualmente aquellos villancicos cobran vida de la mano de artistas especializados en música renacentista y barroca americana. Los villancicos que escuchamos en la actualidad son totalmente distintos, ya que han tomado elementos más actuales de la música.

Una historia interesante sucede cada diciembre en Oberndorf (Austria), allí están los orígenes del conocido villancico “Noche de paz”, creado hace 200 años por el sacerdote Joseph Mohr y el organista Franz Xaver Gruber. Este tema se ha traducido a más de 300 idiomas y dialectos, incluido el latín, y en 2011 se agregó a la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. Y así como Austria, cada país ha hecho sus aportes al gran cancionero navideño, poniendo en cada villancico su estilo característico dándole música a la Noche Buena.

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