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La historia de San Gregorio de Polanco, el primer Museo Abierto de Artes Visuales de Latinoamérica, empezó a pintarse en 1993. Hace 27 años, en esta pequeña ciudad ubicada en el departamento de Tacuarembó, a sus atractivos naturales, se sumaron los artísticos.  

Hay quienes argumentan que aquí pueden verse los atardeceres más bonitos de Uruguay. Esta tranquila ciudad balnearia cada día despide al sol sobre las costas del Río Negro, sobre una hermosa playa con grandes arenales que, en esta temporada de verano, es la de mayor concurrencia de turistas. 

Cuando surgió la propuesta de pintar los muros de las casas, todos los vecinos se unieron y donaron sus paredes. Fue una gran experiencia que se denominó “La semana de la creación” en la que participaron 50 artistas, que plasmaron 25 obras por toda la ciudad. Desde entonces sus muros tienen la firma de importantes artistas nacionales y extranjeros como Cleber Lara, Carlos Páez Vilaró, Gustavo Alzó, Octavio Podestá y Ana María Poggi, entre otros.

A partir de este hecho, el fenómeno San Gregorio de Polanco trascendió a través de los medios, lo que generó orgullo entre la población y un sentido de pertenencia muy fuerte.

Allí se respira arte por toda la ciudad. En la actualidad hay más de un centenar de obras y a los murales se han sumado esculturas. Además, como no hay vandalismo, los murales más antiguos se han conservado y los que han sufrido alguna modificación ha sido a causa del deterioro natural. Otro aspecto interesante es que, dependiendo de cada estación del año, las obras se pueden contemplar de una manera distinta, porque se fusionan con el paisaje.  

Aunque San Gregorio de Polanco siempre tuvo bellos atractivos naturales, era una ciudad que no estaba preparada para el turismo, pero este hecho le cambio la vida y ahora cuenta con una variada oferta de alojamientos, desde campings bien equipados, hasta cabañas y hoteles de todo nivel. También ofrece diversos servicios turísticos para recorrer sus atractivos naturales y por supuesto culturales. 

Esta pequeña ciudad uruguaya  es el más claro ejemplo de cómo un hecho cultural es capaz de cambiar el desarrollo económico de una población. 

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