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Es un universo en sí mismo, un ecosistema en perfecto equilibrio que se siente en cada bocanada de aire puro, en cada animal, en las plantas que crecen en los bofedales de agua cristalina, que la montaña más alta de Bolivia, va alimentando con el eterno deshielo de sus nieves. 

El Sajama es un volcán inactivo cuya punta alcanza los 6.545 metros sobre el nivel del mar. A su alrededor, el Parque Nacional Sajama, guarda místicos secretos de la naturaleza del altiplano y de las ancestrales comunidades que viven allí y hacen parte del equilibrio. 

Este gigante de los Andes se encuentra en Oruro, pero se puede llegar con mucha facilidad desde La Paz e incluso desde Iquique. Cualquiera sea la dirección desde donde se vaya, algunos kilómetros antes de llegar al parque el paisaje rocoso de cañones, donde parece haber llovido piedras multicolores, erosiones de roca que parecen árboles y cerros de infinitas formas son la antesala de lo que vendrá.

Al llegar al parque, la bienvenida le dan grupos de llamas y alpacas que pastan y corren serenos en una sabana cubierta de pajas, matorrales, arbustos y plantas cuya astucia para aclimatarse a más de 5.000 ms.n.m. les vale las más singulares formas, texturas y colores. 

La presencia del nevado Sajama, cuya ancha base curva toda la tierra a su alrededor y su cabeza perfora las nubes, le da a todo, una escala de tiempo y tamaño que genera una majestuosidad que emociona.

El verde claro, color musgo y vida, resalta en todo el alrededor: un homenaje de fertilidad a las aguas del deshielo que el nevado y las montañas centinelas alimentan desde antes que el tiempo haya sido inventado. Allí los camélidos andinos pastan sin prestar mucha atención al peligro del puma o del gato andino. Algunos patos, liebres y delicadas aves aprovechan los infinitos hilos de agua que surcan esta sabana. 

En medio de este paisaje de total armonía, el Eco Albergue Tomarapi ofrece todas las bondades del turismo comunitario bien logrado, incluyendo no romper en lo más mínimo dicha armonía. El ayllu originario (comunidad) Suni Uta Choquemarka, maneja un albergue cuyas instalaciones fueron antes un pueblo y que, a pesar de tener todas las comodidades, mantienen la estética de una comunidad, incluyendo su iglesia colonial y los corrales de camélidos hechos de piedra. 

Alrededor, los secretos se van develando en cada actividad. El bosque más alto del mundo, formado por árboles de queñua, únicos capaces de crecer a más de 5.000 ms.n.m; aguas termales alimentadas desde el corazón mismo de los volcanes nevados de los alrededores que a su vez son el fondo perfecto para unas imperdibles horas de relajación en estas aguas volcánicas;  o quizás solo un paseo entre la fauna y la flora del lugar, una caminata donde en cada paso se descubre un lugar que merece ser observado. Además, se encuentra la posibilidad de ir al albergue de montaña que tiene la comunidad y que permite dormir en la base de la montaña y tener una experiencia de otro nivel con uno de los titanes estáticos de los Andes. 

Éste, que es el parque nacional más antiguo de Bolivia, también se puede visitar llegando al pueblo que lleva su nombre, donde se encuentran interesantes hospedajes particulares. 

Esta reserva natural cuenta con un poco más de 100.000 hectáreas, sus visitantes son la gran mayoría extranjeros (90%), provenientes de Francia, Alemania, Estados Unidos y Japón. Mucho de ellos escaladores, quienes llegan para subir la cima más alta de Bolivia. 

Se tienen registros de 154 especies de flora y se estima la existencia de 250 especies de plantas superiores. La ocupación humana en el lugar es milenaria y se encuentran varios sitios arqueológicos con chullpas (criptas aimaras y quechuas) y otros restos de civilizaciones precolombinas. Para acceder desde La Paz es por la ruta a Tambo Quemado y existen varios tours que ofrecen el viaje todo incluido o también minibuses locales a muy buenos precios. El parque se encuentra a una hora en bus desde la frontera entre Bolivia y Chile. 

Las llamas y alpacas acompañan el camino por varios kilómetros luego de dejar el parque, al igual que los coloridos cultivos de quinua. Al retorno, el Sajama sigue asomando a la vista durante varios minutos en la ruta, y su quietud y su enormidad alargan esa sensación de ser parte de algo mucho más grande e importante de lo que puedes percibir. 

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