Aprender y explorar desde lo alto

Subiendo una de esas pendientes paceñas que dejan sin aliento, bordeando el Parque Urbano de La Paz (Bolivia), en la cima, se encuentra el Espacio Interactivo Memoria y Futuro Pipiripi. Un museo – parte de la red municipal de museos de La Paz – pensado para niños y para los que se creen muy adultos, terminen por convertirse en entusiastas aventureros en algunos de los varios espacios que ofrece este centro de juego y aprendizaje.   

Se llega a un gran parque rodeado por una privilegiada vista de la ciudad. Dos grandes areneros, con camiones, piedras y retroexcavadoras a escala donde una docena de niños comparten y juegan. A un costado hay una pequeña cancha de pasto, áreas con diferentes juegos al aire libre y esculturas de materiales reciclados. 

A un costado del terreno se encuentra el museo en un edificio de seis pisos y una fachada llena de murales. Al otro extremo, la escuelita Biolab, donde se encuentra todo lo relacionado con la naturaleza, el desarrollo sostenible y el medio ambiente. 

“El Espacio Pipiripi funciona desde el 2011 (antes Museo Kusillo) como un espacio museográfico para atender las necesidades de esparcimiento, utilización del tiempo libre, de información y conocimiento de las familias paceñas”, explica Sergio Ríos, director del centro. 

Ríos, contagiado por el espíritu del lugar, explica con entusiasmo que aquí se genera una sana conexión entre toda la familia y a la vez, entre todas las familias que llegan. 

Pipiripi es uno de los museos más visitados de Bolivia, superando las 150 mil visitas anuales. “Somos una isla analógica en la ciudad. En esta era digital, aquí vienen los niños y juegan con piedritas, hacen bailar un trompo, descubren nuestros juegos tradicionales y muchas actividades manuales y mentales que promueven la interacción y el propio reconocimiento”, continúa Ríos. 

Al entrar al museo, llama la atención la ausencia de paredes, aspecto que genera un gran espacio donde está construida, en base a papeles reciclados, una gran jungla. Telas de colores cuelgan del techo y en cada piso se encuentran diferentes actividades. 

“Tenemos una biblioteca con un espacio sobre escritores paceños. Un área con actividades para la manualidad fina y la motricidad corporal, un lugar para aprender sobre Derechos Humanos y luego toda una parte con juegos tradicionales paceños y juegos de mesa”, describe Ríos. En el segundo piso hay una réplica de un mercado típico de la ciudad, donde los niños hacen juegos de roles con verduras y frutas de tela. Este es uno de los espacios más concurridos.

A continuación, se llega a un espacio escénico donde una profesora enseña pasos de una danza tradicional, mientras pequeñas niñas se van poniendo los trajes para el baile. Los padres aplauden y ríen mientras sacan fotos. Al otro lado hay mesas para realizar actividades con tejidos, textiles y artesanías. 

“Cada tarde hay una función de títeres y actividades que se van modificando para mantener siempre la dinámica y frescura”, explica el director. 

Pipiripi le da a La Paz, algo que toda ciudad necesita, un lugar dedicado a que los niños (se) aprendan, (se) descubran y compartan jugando. 

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